El futbolista ghanés que pasó de ser campeón del mundo a utillero en el CF Fuenlabrada

El futbolista ghanés que pasó de ser campeón del mundo a utillero en el CF Fuenlabrada

05-12-2017     06:00h

Petón, el afamado representante, recuerda el realismo de su amigo Baba Sule que pasó de campeón del mundo a utillero del Fuenlabrada tras un virus que le dejó sin cartílago en la rodilla. "Pero nunca ha dejado que le gobernase la decepción", explica.

Hay historias que no están contadas en películas y que demuestran que hay veces en las que la pena es inteligente, como en la letra de las canciones de Sabina. Dura lo que dura un café y retrata a hombres validos como Baba Sule (Kumasi, Ghana, 1978), que podría ser Morgan Freeman en una de tantas películas. Es más, hoy representa al antihéroe, lo que pudo haber sido y no fue. Limpia las botas de los jugadores del Fuenlabrada. Tiene una pensión por invalidez para jugar al fútbol y vive en un piso compartido como nunca se hubiese imaginado en 1995, en el Mundial sub-17 que ganó con su país. La final fue ante Brasil y Baba Sule marcó un gol que provocó que un hombre como José Antonio Martín Petón, que hoy es un reputado representante de futbolistas, lo fichase para el Mallorca.

"Yo estaba allí porque Antonio Asensio, el dueño de Antena 3, dijo "hay que ir a África, el futuro del fútbol está en África"". Pero lo que no imaginaba es que el primer día que escuchó a Baba Sule nunca fuese a ser uno más. "Yo hablaba inglés y el hablaba francés, pero entre los dos estaba Eddy Domínguez, ese tipo bohemio que habla cinco idiomas que hoy anda por el mundo y que no sólo nos traducía las palabras, sino también los gestos, increíble pero cierto".

"Los ancianos son nuestros maestros y que nosotros somos ellos el día de mañana"

No se sabe si fue Eddy o fue la vida lo que unió para siempre a Baba Sule y a Petón, que todavía comparten vacaciones, comidas en la casa de la madre de Petón ("donde él devora el pollo con setas") y paseos por Madrid como ése reciente en el que, de repente, Baba se alejó y se fue a reprender a esos chavales a los que vio riéndose de un anciano. "En realidad, no fue una anécdota", interrumpe Petón. "Fue una lección de vida, en la que ese hombre de 39 años, maltratado por la fortuna, les decía a aquellos chicos que "los ancianos son nuestros maestros y que nosotros somos ellos el día de mañana".

Por eso Petón recuerda y hasta se emociona al recordar aquel día. Un escenario más prosaico que no se pareció a la década de los noventa ni a esos once millones de pesetas que entonces el Mallorca pagaba por traerlo a España. La esperanza entonces era honrada porque sobraban los motivos. De hecho, luego fichó por el Real Madrid, "que buscaba al Makelele del futuro y Baba respetaba esas ambiciones. Paco De Gracia, el técnico que lo fichó, estaba totalmente convencido, porque era así. Baba era un mediocentro que rara al que nunca le veías perder la pelota ni la posición".

"Entonces le entró un virus que se le comió el cartílago, unas fiebres, una pena ver esa rodilla tan inflamada…"

Sin embargo, el destino no consintió esa idea cuando el futbolista se rompió la rodilla por segunda vez, el mismo día de la reaparición. "Entonces le entró un virus que se le comió el cartílago, unas fiebres, una pena ver esa rodilla tan inflamada…" El drama, en realidad, fue la propuesta de una nueva vida, en la que ya nada fue igual. La idea del Real Madrid desapareció de su vida y trasladó al futbolista a un mundo más silencioso en el que ya nada iba a ser como ayer. 

"Yo no tuve que convencerle de nada", recuerda Petón. “Fue él quien se convenció por sí mismo de que el fútbol tiene estas cosas. Las lesiones no piden permiso a nadie, pero existen y no te puedes preguntar por qué. Desde el principio, Baba lo entendió rápido y demostró que las decepciones se pueden gobernar". Por eso Petón recuerda que su sonrisa nunca estuvo en peligro de extinción ni lo está hoy, utilero de un club de Segunda B como el Fuenlabrada, donde reedita con la mirada aquella frase de Morgan Freeman, "las cosas buenas no hace falta entenderlas", en vez de contar lo que pudo haber sido y no fue. "Tiene unas buenas condiciones y está en un mundo que le gusta".

Por eso esta historia también es inteligente y a Petón le queda el recurso de contar que "cuando Baba tuvo que dejar el fútbol no hubo que ayudarle. Su optimismo era totalmente convincente… El hecho de ver que él mismo se apuntaba a todos los cursos que podía: monitor de educación física, cursos de informática, de reparaciones eléctricas… ¿Cómo no iba a salir adelante un hombre así?"

Hoy, todo eso es un ejercicio de realismo en el que Petón también se pregunta con humor: "¿Qué me une a un hombre así que encima es musulmán? Pero es que resulta que ese hombre es una lección de vida al que mi madre quiere más que yo y al que en las fiestas de mi pueblo adoran. Y entonces te acuerdas de que cuando vino a España todo el dinero que ganaba lo enviaba a su familia, a sus trece hermanos que compraron taxis, casas, qué se yo… Pero es que, además, te acuerdas que luego, cuando le dijiste "ha salido este trabajo como chófer de De Gea, el chaval del Atlético" te decía sí sin pensarlo y que después, cuando salió lo de trabajar "El Corte Inglés" también estuvo ahí y que en su último trabajo, en una empresa de mantenimiento de IFEMA, no hacía más que progresar. Pero entonces salió lo del Fuenlabrada y él quiso volver al fútbol".

Así que, pese a todo, hoy ya no hay que arrepentirse de nada ni abusar del drama ni tampoco olvidarse de Morgan Freeman, reflejado en un hombre de 39 años y de su mismo color de piel, Baba Sule, cuya lista de desgracias es severa. Pero la magia es ésa que expone Petón y que hoy nos convence de que, efectivamente, "el mundo es un buen lugar en el que merece la pena luchar".